La granja y la huerta escolar, un universo de experiencias

La educación debe entenderse como un juego de aprendizajes que nunca termina, desde el punto de vista formativo el colegio busca a partir de la asignatura de granja, que los niños y niñas socialicen y aprendan desde el contacto con la naturaleza, experimenten y sean más conscientes de su responsabilidad frente al cuidado del medio ambiente.

Es un espacio lúdico- partici pativo dividido en varios proyectos auto-sostenibles, como son la granja, la huerta, el vivero, el mariposario y el lombricultivo, los cuales buscan integrar el currículo con un conocimiento vivencial y experimental que permita que los estudiantes tengan conocimientos más significativos y sobre todo más vivenciales. Los niños se encargan de la alimentación, la limpieza y cuidado del hábitat de las gallinas, patos, conejos, y se sorprenden inmensamente cuando encuentran nuevos integrantes como los gazapitos y los pollitos.

En cuanto a la huerta, es fascinante ver como compiten por el trabajo de campo, el riego, la preparación del terreno, la siembra, el reconocimiento y utilización de herramientas para labrar la tierra; es un espacio donde se vive el conocimiento en contacto directo con la tierra, en él nos reímos, conversamos, sentimos cansancio, pero también la satisfacción de terminar la labor de campo, por más compleja que sea.

Disponerse con delantales o botas, preparar nuestras manos para las actividades de la huerta, generan la satisfacción de estar proporcionando experiencias no limitantes, conocimientos a partir de la exploración; un compromiso con ellos mismos, con la naturaleza y con el trabajo del campo, haciendo del conocimiento un proceso interdisciplinario y sostenible.

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